Una empresa puede ser rentable en su estado de resultados y quedarse sin efectivo el viernes. La utilidad y la caja miden cosas distintas: la primera registra lo que se vendió, la segunda lo que realmente entró al banco.
El flujo de efectivo a 13 semanas sirve para cerrar esa brecha. Trece semanas equivalen a un trimestre: es tiempo suficiente para reaccionar y lo bastante cercano para estimar con buena precisión.
Qué incluye
El modelo tiene una columna por semana y cuatro bloques:
- Saldo inicial: el efectivo real en bancos al comenzar la semana.
- Entradas: cobranza esperada por cliente, con la fecha en que cada uno suele pagar, no la que dice la factura.
- Salidas: nómina, proveedores, impuestos, renta, créditos y cualquier pago relevante.
- Saldo final: se convierte en el saldo inicial de la semana siguiente.
Cómo construirlo
- Empieza por los pagos que no se mueven: nómina, impuestos y créditos tienen fecha fija y deben aparecer primero.
- Estima la cobranza con historia: si un cliente paga a 60 días aunque su crédito sea de 30, usa 60.
- Define un saldo mínimo: la cantidad por debajo de la cual te sentirías en riesgo. La señal de alerta aparece cuando una semana queda por debajo de esa cifra.
- Asigna a un responsable: alguien debe actualizarlo cada semana a la misma hora.
La rutina semanal
La herramienta solo funciona si se actualiza. Una rutina de 30 minutos basta:
- Actualiza el saldo real de bancos.
- Compara lo que esperabas contra lo que ocurrió y anota la causa de cada diferencia grande.
- Agrega una semana nueva al final.
- Decide qué pagar, a quién cobrar con prioridad y si hace falta actuar.
Qué hacer si aparece un faltante
Tener semanas de anticipación cambia las opciones disponibles. Puedes reforzar la cobranza de ciertas cuentas, negociar fechas con proveedores, posponer un gasto no urgente o tramitar financiamiento antes de necesitarlo con urgencia.
Un faltante detectado con seis semanas de anticipación es una decisión. Detectado con dos días, es una emergencia.


